Navarrete Vergara, Patricia

Apellidos: Navarrete Vergara
Nombres: Patricia Eugenia
Fecha de nacimiento: 1941/04/22
Nombre de los padres: Jorge Navarrete Arenas y Marta Vergara Vargas
Ciudad natal: Temuco
Lugar en la familia: Segunda de tres hermanos: Eugenio, Patricia y Marta
Religión: católica
Estudios: Liceo de monjas inglesas de Ovalle y pedagogía en educación parvularia, Universidad de Chile
Actividad en Chile: Profesora de párvulos en el colegio San Ignacio
Participación en Chile: Apoya al gobierno de Salvador Allende, sin militar en un partido
Situación de familia: Casada con Julio Fernández Ceroni. En Québec tuvo un segundo cónyuge, Pierre Tousignant
Hijos: Tres: Nicolás, Matías y Esteban, los dos primeros nacidos en Bélgica
Residencia en Chile: Ovalle y Santiago, comuna de ñuñoa y Providencia
Año de llegada a Quebec: Febrero de 1974
Actividad en Quebec: Trabaja en grupos de defensa de mujeres golpeadas y como cooperante internacional en Perú a través de SUCO
Participación en Quebec: Apoya la causa de la independencia de Quebec
Residencia en Quebec: Montreal-Mile End y Longueuil
Retorno a Chile: Entre 1984 y 1985. Vivió en Perú entre 1982 y 1984
Fecha del deceso: 20150926
Ciudad del deceso: Montreal
Anexos:
Una biografía de Patricia Eugenia Navarrete Vergara
Por Nicolás Fernández Navarrete
Patricia nació el 22 de abril 1941 en la ciudad de Temuco. Era el segundo bebé de Jorge Navarrete Lira y de Marta Vergara Vargas. Su hermano mayor, Eugenio, nació en agosto del 1938. Jorge trabajaba como administrador de fundos en la zona de la Araucanía, pero al año siguiente del nacimiento de Patricia la familia se instaló en Santiago. Era la década 1940, años de guerra en Europa, y Jorge no conseguía trabajo en la capital, por lo tanto, decidió volver al sur con su familia donde encontró trabajo.
En 1948 la familia vivía en Parral cuando nació la hermana de Patricia, Marta. Ese año, Jorge había conseguido trabajo en la Caja de Crédito Agrario y se dedicaba a conceder préstamos a agricultores en los campos. La familia se trasladaba cada cuantos años a diferentes lugares y así fue como, a comienzo de la década de los 1950, la familia se traslada a Ovalle y se instala en una casa en el segundo piso al frente de la plaza de Armas. Fue en esta ciudad que Patricia, ya una niña de 10 años comenzó a ir al colegio de las monjas inglesas que quedaba en la parte alta de la ciudad. Patricia era muy bonita y llamaba mucho la atención también por su personalidad amable y jovial. En 1955, se presentó al concurso de la Reina de la primavera de Ovalle y aunque no quedó como Reina, fue paje en el cortejo real. Tuvo una educación religiosa apropiada para gente de su clase de la época, es decir católica y practicante. Hizo la primera comunión y la confirmación, y a lo largo de su niñez y juventud, acompañó a sus familiares a misa y observaba las fiestas religiosas. Su actitud hacia la religión cambió a medida que inició su vida de adulto.
En esa época, la familia Navarrete Vergara solía pasar el verano en Tongoy, un balneario muy de moda, ubicado al sur de Coquimbo. Cada mes de diciembre, al término del año escolar, la familia alquilaba un camión en el cual ponían todo lo necesario para instalarse en una casa arrendada cerca de la playa: colchones, sábanas, vajilla, ropa, incluso la nevera. Patricia pasó en Tongoy los mejores veranos de su vida, creciendo y embelleciendo cada año y siempre rodeada de amigas y de algunos amigos que trataban de enamorarla, sin lograrlo. Fue la época en que se acercó mucho a su hermano Eugenio quien también formaba parte del grupo de amigos. Pero, ya en 1957, Eugenio tuvo que irse de Ovalle para enrolarse en la escuela de aviación militar en Santiago.
Desgraciadamente, Eugenio muere en una catástrofe aérea en diciembre de 1960, lo que fue un gran golpe para Patricia. Por lo tanto, al iniciar el verano de 1961, se acaba bruscamente la vida de adolescencia desenvuelta y coqueta de Patricia, que nunca volvió a tener veranos como aquellos. A fines de febrero 1961, la familia decide trasladarse de Ovalle a Santiago, el padre de Patricia se jubila a los 50 años, y compra dos casas en Ñuñoa en la calle La Verbena. Ahí se instala la familia de Patricia a esperar que vuelva el hijo desparecido: aún no habían encontrado el avión estrellado. Cada noche, a la hora de la cena, se ponía un puesto en la mesa para Eugenio por si llegara a comer a la casa. Cada año, Jorge y la familia reiniciaban la búsqueda del avión estrellado por los bosques y los cerros de Chiloé, a caballo, en compañía de carabineros y isleños.
En 1964, Patricia se inscribió en la Universidad para estudiar pedagogía de párvulos a pesar de los esfuerzos de su madre para disuadirla. Su padre, del cual fue la consentida, insistió en que estudiara y le pagó la matrícula. Pero no pudo vivir plenamente esos años de universidad, de nuevas amistades y fiestas por el estado de duelo permanente en su casa y el estado frágil de su mamá. No se podía tocar música en la casa, tanto era el dolor. Y así vivió la familia hasta que se encontró el avión, cerca de Chaitén, en el verano de 1968.
Veraneando en Quintero en casa de una tía, en diciembre de 1963, Patricia acepta la invitación a una fiesta. Ahí conoce a un joven atlético, rubio de ojos azules, que todos adoraban porque era muy amigable y chistoso; un seductor irresistible. Julio Fernández Ceroni era más bien introvertido, pero cuando se le daba la oportunidad, gozaba bailando con las niñas bonitas en su entorno. Patricia cuenta que se pusieron a bailar, y ella se abandonó a la encantadora sonrisa angelical y a los ojos azules que la miraban como si no hubiera nadie más en el mundo. Julio también quedó enamorado de la negra flaca y graciosa que lo miraba con vistas de conquistar. Comenzaron a pololear y se casaron el 19 de diciembre del 1964. Julio había egresado de la Universidad de Chile con el título de Profesor de castellano de enseñanza media, y cuando conoció a Patricia, ya había postulado para una beca de estudios al extranjero. Tras el matrimonio, la nueva pareja se instala en un apartamento de la calle Carlos Antúnez en Providencia.
En julio del 1966 Patricia queda embarazada de su primer hijo, y en agosto de ese año, la pareja se traslada a la ciudad de Lovaina en Bélgica, donde Julio comienza su escolaridad para el doctorado en Educación. Mientras Julio sale a aprender francés y a asistir a cursos y seminarios, Patricia se hace dueña de casa, estableciendo amistades con otras parejas latinoamericanas en Bélgica. Nicolás José nació el 15 de marzo del 1967 y en julio de ese año, la familia viaja a Chile. Julio va a recopilar datos para su investigación de doctorado, y Patricia vuelve triunfante a exhibir su primer bebé marcando de esa forma el inicio de una nueva etapa en su vida, como mamá. Vuelven a Bélgica en septiembre del 1969 y Patricia queda embarazada con su segundo hijo. Matías Eugenio nace el 10 de mayo 1969, también en Lovaina. Pero el bebé está enfermo. Poco después del nacimiento, padece de un choque nefrótico y tuvieron que llevarlo de urgencia al hospital. Patricia entra por primera en el mundo de la enfermedad y los hospitales: Matías padece de lo mismo que su mama y ella misma, la hiperuricemia.
Julio termina sus estudios en junio del 1970 y la familia vuelve a Santiago. Se instalan en una casa de la calle Pedro Solís, en Ñuñoa. Patricia llega de Bélgica con un embarazo bien evidente, su tercer hijo, Esteban Eduardo, nace el 13 de octubre de 1970. Julio comienza a trabajar en la Facultad de educación de la Universidad Católica de Chile como profesor y se implica en actividades del MAPU en apoyo a la política de gobierno del presidente Salvador Allende Gossens en materia de educación popular para adultos. Sin haber militado en un partido político, Patricia estaba profundamente de acuerdo con la política del gobierno de la Unidad Popular, para cuyo candidato ella había votado. Esto la ponía en contradicción con los planteamientos tradicionales de sus padres, quienes apoyaron la candidatura de Jorge Alessandri. Sin embargo, cuando Patricia salía a participar en una manifestación en apoyo al gobierno, dejaba a sus hijos encargados a sus padres, que no dejaban de regalonear a sus nietos.
A fines del 1972, por el entremedio de un jesuita quebequense, residente en Chile, Julio es invitado a Canadá en marzo de 1973 para participar en actividades en apoyo a la educación popular en Latinoamérica. Como Julio había aprendido francés en Bélgica, era el profesor ideal para viajar a Canadá y analizar lo que estaba pasando en Chile. Tras un exitoso viaje, Julio vuelve a Chile con una invitación, un visado y un pasaje para volver a Montreal con fin de participar a otro coloquio en enero de 1974.
Para el golpe militar del 11 de septiembre 1973, Patricia trabajaba en el colegio San Ignacio como profesora de párvulos; Nicolás ya estaba en primer año preparatorio en el mismo colegio; Matías y Esteban iban a la guardería de este. Julio trabajaba en la sede de San Joaquín de la Universidad Católica. Días después del golpe, oficiales del ejército allanaron las oficinas de la Facultad de educación, Julio se escondió en el WC para que no lo hallaran. El nuevo gobierno declaró la Universidad intervenida hasta nueva orden, por lo tanto, Julio perdió su empleo. Dos meses más tarde Julio decide utilizar su pasaje, visado e invitación a Canadá y se embarca rumbo a Montreal.
En Canadá, Julio consigue rápidamente un trabajo en la Universidad de Montreal y le escribe a Patricia para que se venga con los hijos. Sin embargo, sin apuro cualquiera dado al estado ya fragilizado de la pareja, Patricia decide disfrutar del verano con sus hijos en Chile, y partir a Montreal el 23 de febrero del 1974.
Patricia y Julio se separaron en octubre del 1975 y Patricia comienza su actividad feminista. Participa en la fundación de una casa de mujeres golpeadas en Montreal cuya actividad le brinda muchos conocimientos, experiencias y amistades duraderas. En 1982, Patricia consigue un contrato con el Service Universitaire Canadien Outre-mer (SUCO) para ir a Perú a trabajar con el movimiento feminista Manuela Ramos como capacitadora de mujeres. En marzo del 1982 viaja a Lima donde inicia 2 años de cooperación en Perú.
En 1984, al cabo de su contrato, Patricia vuelve a Montreal y consigue un segundo contrato, esta vez en Chile, para trabajar con organismos de mujeres. De junio 1984 a junio de 1985 se instaló en Santiago con dos de sus hijos.
Como no logró renovar su contrato en Chile, Patricia vuelve a Montreal en junio del 1985. Se reencuentra con un antiguo colega de Julio, Pierre Tousignant quien será su cónyuge durante los últimos 30 años de su vida. Se integra nuevamente al mercado de trabajo en Quebec, trabajando en la alfabetización y la concientización de los inmigrantes a las leyes del trabajo. Además, en septiembre del 1990, recibe un trasplante de riñón y así inicia una nueva vida, con más salud y más energía.
En la década de los 1990, gracias al apoyo de Pierre, Patricia reanuda con la vida que había soñado: ayudando y apoyando a los pobres y desafortunados, instruyéndose en literatura hispanoamericana en la Universidad de Montreal, y lo que más quiso y logró por creces: viajar por el mundo. Con Pierre viajaron todos los años, a Latinoamérica, al Caribe o a Europa, y pasaron el 2004 viviendo en Casablanca, Marruecos y el 2006 en Sidi Bou Said, en Túnez.
En el año 2012 perdió su riñón trasplantado y tuvo que volver a dializarse. Esto se le hizo muy difícil; a los 71 años ya no le daba el cuerpo para esos tratamientos. Además, ese año se cayó en la cocina de su casa, lo que para gente mayor es muy grave, una caída así anuncia el final. Después de ese incidente ya no tenía la agilidad para subir las escaleras al segundo piso donde vivían. Patricia y Pierre se trasladan al Manoir Outremont, el último domicilio de Patricia.
A principios del año 2015 Patricia tomó la decisión de no seguir dializándose. Con el espíritu desafiante con el que hizo muchas cosas en su vida, inscribió en su agenda la fecha del 4 de octubre, día que iba a dejar de dializarse, e iba esperar la muerte tranquila. La vida le jugó una última mala pasada porque contrajo una infección a mediados de septiembre, y tuvo que hospitalizarse de urgencia. Siempre dispuesta a adaptarse a los imprevistos, el lunes 21 de septiembre le avisa al médico que desea terminar los tratamientos de diálisis y fallece el sábado 26 de septiembre, tomada de la mano de su hijo mayor y la de Pierre.
La vida de Patricia no se podría resumir como un traslado entre su lugar de nacimiento en un campo vecino a la ciudad de Temuco, y el Hospital Maisonneuve-Rosemont donde muere en Montreal. La existencia de cualquier persona abarca mucho más que un simple itinerario por el tiempo. A pesar de la muerte de sus hermanos y padres al cumplir apenas 40 años, Patricia recibió el cariño de muchos que constituyeron su segunda familia y que la recuerdan con mucho afecto en cuatro continentes.