Benavente Cuevas, Sergio


Apellidos: Benavente Cuevas

Nombres: Sergio

Fecha de nacimiento: 19400305

Nombre de los padres: Leopoldo Benavente Sáez y Benita Cuevas Gallardo

Ciudad natal: Curanilahue

Lugar en la familia: Menor de tres hermanos: Eladio, Silvia, Sergio

Religión: No creyente

Estudios: Colegio Salesianos, Concepción y Escuela de ingeniería, Universidad de Concepción

Actividad en Chile: Ingeniero comercial, Ferrocarriles del Estado y en DINAC (Dirección nacional de distribución)

Participación en Chile: Partido socialista

Hijos: Sergio, Patricio, Lorenzo, este último nacido en Québec

Nietos: Cuatro, todos nacidos en Quebec: Eva Maya, Leticia, Esteban y Julia

Residencia en Chile: Santiago, comuna de La Reina

Año de llegada a Quebec: 1974, diciembre

Actividad en Quebec: Agente de inmuebles y funcionario del Ministerio de ingresos del gobierno federal

Participación en Quebec: Asociación de chilenos de Montreal. Fundador de la Asociación hispanófona de Laval

Residencia en Quebec: Laval

Retorno a Chile: No

Fecha del deceso: 20011202

Ciudad del deceso: Montréal

Anexos:

Sergio

Por Aspasia Worlitzky

 

Me pasa a veces

cuando menos me lo pienso

que apareces y me sonríes

tu cuerpo se me presenta cabizbajo

el caminar lento

ésa hombría tuya de huaso

los brazos musculosos de venas grandes

la mirada profunda negra.

 

Entonces trato de pensar en mi vida

la que llevo

me enredo entera no sé

palpo muros de cemento me tropiezo no estás

yaces

no te enfadas por nada no se escuchan tus pasos

en la escalera de la casa

surges.

 

Nuestro hijo adolescente se deja llevar

por sinfines de vientos huracanados

no te espera más

me llama te llama al mismo tiempo.

 

El aire que respiro

me trae el olor de tus silencios

aspiro tu ausencia me impregno del sueño

de que algún día vuelvas.

 

Te robó el exilio te abrió la puerta

al dolor de la infancia destrozada que ni tú ni yo

ni yo ni tú lograste arrancarte del alma

 

Me tendiste las manos

envolviéndome en un póstumo abrazo

“no te preocupes” susurraste.

 

Esa caricia leve se perdía

me dejaba toda impregnada

de un miedo sin fronteras

inmenso miedo de escarcha.

 

Si supiera si creyera

si tuviera un Dios

tal vez hasta comprendiera.