Luna Riveros, Miguel


Apellidos: Luna Riveros

Nombres: Miguel

Fecha de nacimiento: 1935/12/01

Nombre de los padres: Miguel Luna Rojas y María Riveros Ojeda

Ciudad natal: María Elena, Antofagasta

Lugar en la familia: Hijo único

Religión: Ateo

Estudios: Ingeniería eléctrica en la Universidad Técnica del Estado

Actividad en Chile: Ingeniero en distintas empresas

Participación en Chile: Militante del partido comunista

Situación de familia: Casado con Maria Angélica Hernández

Hijos: Dos hijas, Alejandra e Isabel

Nietos: Cinco: Eva Alejandra, nacida en Estados Unidos; Gustavo, nacido en Brasil; Anaisa, Alvaro y Aicha, nacidos en Toronto

Residencia en Chile: Santiago, comuna de ñuñoa

Año de llegada a Quebec: 1975

Actividad en Quebec: Ingeniero consultante en numerosos proyectos de SNC-Lavalin en distintos países: Arabia Saudita, República Dominicana (cinco años), Costa de Marfil, Pakistán y Corea del Sur

Participación en Quebec: Partido comunista de Chile

Residencia en Quebec: Longueuil, St-Bruno, Montreal-Verdun

Retorno a Chile: No

Fecha del deceso: 2004/04/13

Ciudad del deceso: West Palm Beach, Florida

Anexos:

Mi familia

Por Alejandra Luna, hija y nieta

 

Emigramos a Canadá en 1975 ya que fue el primer país en responder a las postulaciones enviadas a Francia y Australia después de la incertidumbre causada por el golpe militar de 1973.

Mi papá, Miguel Gustavo Luna Riveros, fue un Ingeniero eléctrico que hizo una carrera internacional. En Montreal trabajó como técnico en ingeniería eléctrica ya que hubiese tenido que volver a estudiarlo todo de nuevo para revalidar su título
Gracias a su trabajo tuvimos la oportunidad de conocer y recorrer el mundo. Lo mandaron a varios países trabajando como ingeniero eléctrico. Fue una vida fructífera, conocimos culturas diferentes, comidas exóticas de todo tipo, una riqueza única con experiencias instructivas inolvidables.

Mi papi disfrutaba la música clásica, barroca, el jazz, los blues, disco, el rock-n-roll, el tango, y hasta el merengue. Le encantaba bailar con mi mamá. La adoraba, siempre fue un eterno enamorado de su pareja.
Mi mamá, Angélica Luna, creció en Santiago y fue a una escuela de monjas. Le gustaba jugar al volleyball y hacer travesuras con sus amigas del alma. Al casarse, se encargó de la casa casi toda su vida. Trabajó como recepcionista en Canadá y administró un hotel con dedicación en República Dominicana. Era buena para el chiste como el papá. Le gustaba jugar a las cartas, bailar, cantar, tejer, y cocinar. Viajó mucho aunque no le gustaban los aviones; prefería los barcos y los cruceros. El mar y la playa fueron sus destinos preferidos. Tenía gustos finos con un paladar elevado. Nos enseñó lo rico que es la comida chilena. Adonde sea que fuéramos a vivir en esta tierra, ella era la vida de la familia. Su familia lo era todo para ella a pesar de tener muchas amistades en muchas partes.

Mis padres fueron un buen equipo, en las buenas y en las malas; se apoyaban mutuamente. Nuestro hogar siempre estaba lleno de alegría; los amigos que nos visitaban ahora son parte de nuestra familia. Nuestros tíos, las tías, los primos y las primas… no de sangre pero de corazón. Dicen que la familia se forma en el camino de la vida y con lo previo confirmo ese dicho.

Crecimos con la política, la música variada e internacional, el baile, la comida típica chilena dentro de la comunidad chilena en Montreal. Conocimos a tanta gente de otras nacionalidades, contactos facilitados por saber el español, francés e inglés. Nos contagiamos con la alegría de vivir en su plenitud como reírse a carcajadas por lo que sea y volar para conocer otros lugares desconocidos que este mundo nos ofrece.

Mi abuelita paterna, María Teresa Riveros Luna, la Mámma,  se casó con mi tata, Miguel Erasmo Luna Rojas en el norte de Chile. La vida en aquellos tiempos no era muy fácil, me contaba mi mami.  Mi abuelita tuvo 5 pérdidas antes de que naciera mi papá; en esos tiempos le tocaba encerar el piso ‘a cuatro patas’. Al fallecer mi tata, mi abuelita llegó a vivir con nosotros en Longueuil. Se quedó viviendo con una amiga mientras estuvimos en Arabia Saudita. Tenía muchas amigas y se juntaba con ellas a tejer y jugar a las cartas compartiendo un tecito en el Centro Vida Plena; era muy independiente. Cuando volvimos de República Dominicana vivió con nosotros hasta el final. Nos hacía ricos panes amasados y unas sopas de pantrucas deliciosas. La recuerdo sonriente y tierna, era tan amorosa y nos adoraba.

La verdad que no me puedo quejar; tuve una abuelita super chora y simpática, unos padres ejemplares, y una niñez  inolvidable llena de aventuras. Gracias a ellos soy quien soy… y hasta hoy sigo viajando como buena exploradora trotamundos. Los extraño.